Me he mudado

Se veía tan bonito al otro lado. Esa ancha avenida vacía que evocaba otras latitudes y se me llevaba el ánimo en volandas. El día parecía limpio y fresco, bajo ese delicadísimo azul y las nubes gordezuelas y bien dibujadas: un cielo optimista. Abrí la ventana y me fui.

Queridas y queridos: me he mudado. No es más que una casa más grande y con vistas más amplias. Mi habitación, naturalmente, sigue allí. Haced clic en la dirección de más abajo y me encontraréis. ¡Os espero!

www.evamunoznet.wordpress.com

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

No es Malibú, es Barcelona

P1010924

Paseo por Barcelona a deshora

extrañada la mirada el barrio ajeno la hora prestada el paseo imprevisto

vacía quietud del medio día

arriba, un hermoso cielo poblado de nubes.

Un hombre con un fardo camina hacia mí

un hombre con un garfio arregla motos en un taller

la música suena en toda la calle, rock duro.

Anchas avenidas desiertas apenas se levanta viento, polvo

y me digo esto es Barcelona aunque parece Los Ángeles.

Quiero esta Barcelona sin maquillje, sin posado fotográfico, sin turistas

desnuda, polvorienta, envejecida

joven en la mirada de quien la recorre con sorpresa

en los cuerpos morenos y en los ojos de los adolescentes

que trasiegan cien veces el circuito de cemento con sus monopatines.

Las siluetas de las palmeras recortándose contra el lívido azul

y me digo esto no es Malibú, es Barcelona.

   P1010963 P1010965 P1010977P1010971 P1010974 P1010947 P1010988

P1010990

Imagen | Publicado el de | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Acerca del cuerpo II. Particular crónica del Campeonato de España de peso superwelter

box 1

Acudo por primera vez a un combate de boxeo. Acompaño a T. Es en la Farga de Hospitalet. Se celebra el campeonato de España de peso superwelter. Antes hay varios combates, algunos amateur y otros profesionales.

En la cola me separan de los hombres, que son el noventa por ciento del público. Una guardia de seguridad alta y corpulenta revisa mi bolso y me cachea. Para los hombres, hay hombres. Me siento como una perfecta intrusa en este ambiente de chavales de gimnasio y estoy encantada. Excitadísima. Una intelectual de mierda, fina y sofisticada, yendo a ver cómo varias parejas de hombres se parten la cara en el cuadrilátero: me parece un plan sideral. Voy flanqueada por otro, que aunque no es boxeador es grande y lleva el cráneo afeitado, así es que se me antoja el partenaire perfecto, con ese aire inequívocamente extranjero. Tiene razón él: él es el intruso, yo soy de esta ciudad, aunque haga muchos años que no viva en ella.

Disfruto como una niña en una feria del abigarrado ritual y los códigos del espectáculo, reconociendo lo que he visto mil veces en la pantalla, tomando conciencia (cuando se es una intelectual de mierda, aunque notablemente ignorante, no hay modo de evitar estas reflexiones) de lo poblado que está nuestro léxico de palabras y expresiones procedentes del ámbito pugilístico. Supongo que en la colectividad, por fuerza han de calar estas actividades en las que los hombres deciden jugarse la integridad física, la vida, libremente, aunque cobren por ello. Antes de acudir al torneo, E. me cuenta por teléfono que sus padres se citaron por primera vez en un combate de boxeo y que uno de los contendientes mató al otro (el detalle de la sangre salpicando la primera fila ya no sé si es suyo o de mi propia cosecha).

Me recreo en todos los detalles: el gran recinto frío y oscuro potentemente iluminado en el centro, sobre el ring -T. opina, con razón, que el recinto es cutre-; el locutor, con su exageradísima forma de arrastrar la primera sílaba del alias de cada boxeador; la entrada de los boxeadores hasta llegar al ring, bajo el barrido de las luces y el estruendo de la música, saludando al público como auténticos héroes, luciendo sus brillantes y breves atuendos, sus cuerpos trabajadísimos; la perfecta coreografía al traspasar las cuerdas, cada contendiente en su esquina: el modo serio y sincrónico en que los amateurs levantan cada brazo y adelantan la cabeza para que sus segundos les coloquen guantes y casco protector, un segmento del espectáculo que, en el caso de los profesionales, que salen con los guantes ya puestos y pelean con torso y cabeza descubiertos, adopta una estética casi religiosa: los segundos masajeando por última vez la carne aún intacta pero a punto de ser lacerada del luchador, la concentración y la determinación en el rostro ligeramente adelantado, el cuerpo tensado como un arco, exactamente como en la bestia presta a atacar, aunque en algunos casos se añaden muecas y gestos humanos: máscaras de una soberbia teatralidad, el choque de puños con el que se saludan ambos contendientes, que se adelantan como si ejecutaran un paso de vals.

20130301_222710

En este registro desde el que yo miro (desconozco el reglamento del boxeo y el único combate real que he visto es el que recoge el documental When We Were Kings entre Muhammad Ali y George Foreman), uno de mis hombres sin duda es Toni Delgado: todo un maestro de la puesta en escena. Me fascina ese cuerpo delgado (es un peso súper ligero) en el que se leen todos los músculos estampado de magníficos tatuajes multicolores, la expresión desafiante y obstinada con la que espera a que la campana señale el inicio del combate, rostro y pelvis adelantados, la seguridad o la provocación que me parece expresan sus brazos con frecuencia a baja altura frente al contendiente. El otro (también peso súper ligero) se llama Sandor Martín y tiene cara y cuerpo de adolescente y una arrebatadora energía infantil. Es rápido y fulminante y acaba con su contrincante por KO en el segundo asalto y, con la misma energía infantil, se encarama de un salto a las cuerdas para celebrar el triunfo y recibir el aplauso del público.

Llega el momento de Javier García Roche e Iván “Dinky” Sánchez, quienes compiten por el título de España de peso superwelter y a quienes todo el mundo ha venido a ver. El recinto está ahora lleno. Hay gente mejor vestida que al principio, de más edad, y más mujeres. Me entero de que Sánchez, gallego, ostenta en este momento el título de España y es el favorito, pero el catalán, Roche, valiente, carismático y en racha, cuenta con la simpatía del público. El celta, alto, enjuto, de espeso pelo ceniza y rostro adusto, tiene aspecto de hombre de otro tiempo, de campesino; más que agresivo parece duro, dotado de una infinita resistencia, como el protagonista de un cuento de London. Miro a su contrincante, el notablemente más bajo y más menudo Javier García Roche, que lo mira retador y determinado, y pienso que el otro va a hacerle mucho daño. Sin embargo, el gran fajador acaba conmoviéndome, cuando veo que Roche, pequeño pero energético y rápido como un gato callejero, le lanza profusión de golpes, incluso llega a tirarlo al suelo, mientras el gallego, con un corte en la mejilla izquierda que le ensucia la cara de sangre, parece dispuesto a encajar todos los golpes, aunque también devuelve y ataca, pero a un ritmo más lento. Desconozco si se trata de una estrategia para cansar al oponente, son formas y energías distintas, de eso no hay duda, pero al comienzo del quinto asalto Dinky empieza a golpear a Roche con contundencia, ritmo constante y notable velocidad y pienso que si Roche no es capaz de librarse del ataque, de reaccionar, va a caer. No hay tiempo de que eso suceda. El árbitro pone fin al combate por KO técnico dando la victoria a Dinky, para sorpresa del público, que se levanta enfurecido de los asientos y protesta y chilla e incluso lanza objetos. Un final que no merecía ninguno de aquellos dos hombres entregados al combate.

20130302_001345

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , | 10 comentarios

Discretísimo homenaje a Dorothy

dorothy

Un día, él se va de casa. Más tarde, se va del país.

Ella le reprocha que abandone al hijo de ambos.

No lo abandono, dice él, indignado, mientras pone más de mil kilómetros de distancia entre su actual lugar de residencia y el de su hijo.

De acuerdo, concede ella, “abandonar” es un verbo muy dramático. Digamos que lo dejas atrás.

Me he ido a buscar trabajo para poder ofrecerle un futuro a mi hijo, se defiende él.

“Para poder ofrecerle un futuro a mi hijo”. El lugar común la deja sin palabras, noqueada.

Ella no le ofrece un presente a su hijo porque el presente ya está ahí. Ella, simplemente, se ocupa del presente de la mejor manera que puede. A veces buena, incluso con momentos de verdadera luz, muchas veces mala.

Entonces, muchos días después de que él arroje esa frase hecha que penetra en el cuerpo de ella y aún resuena en su cabeza, ella reflexiona acerca de esta pequeña pero definitiva digresión temporal, y concluye que quizá ese discreto cambio de tiempo verbal -ellos siempre prestos a conjugar el futuro, ellas conjugando el presente en cualquier caso- explique tantas otras cosas y algunas estupefacciones.

Y el futuro, pregunta ella, ¿no se construye cada día?

Pero hace tiempo que ya no hay nadie al otro lado de la línea.

 telefono_descolgado

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , | 6 comentarios

¿Para qué sirve el dinero?

http://paraquesirveeldinero.com/ca/wp-content/themes/bs2012ca/ca/animaciones/portada/globo.png

9 h. Entro en una oficina bancaria donde tengo una cuenta. Mientras espero a que el empleado realice la gestión que solicito, cojo uno de los folletos publicitarios de los servicios que oferta el banco. Por hacer tiempo. Mi condición de precarizada hace que nunca me interese nada. Quien no sabe si va siquiera a poder pagar el alquiler, ¿cómo va a pensar en una cuenta de ahorro o un plan de pensiones? El folleto de hoy, sin embargo, sí despierta mi interés: “Per a què serveixen els diners? 3ª. edició del Concurs de Dibuix Infantil”. Letras blancas sobre fondo azul en un bocadillo que sale de las boquitas de dos niños pequeños que podrían ser los protagonistas de un cuento infantil contemporáneo: grandes cabezas y ojos grandes, trazos simples, colores básicos. Al lado, un gatito. Un dibujo encantador. La desfachatez, el descaro, la repugnante manipulación empieza ahí, pero no termina. La guinda del folleto es este párrafo dirigido a los padres: “El nostre concurs de dibuix és una oportunitat per ensenyar als petits de casa valors com l’esforç, la constància o la importància de l’estalvi d’una manera entretinguda i divertida”.

Los bancos, con el consentimiento de toda la clase política dirigente, que se ha plegado a su voluntad, son los principales responsables de la actual crisis económica mundial, la peor desde los años treinta del siglo pasado, la que está causando el empobrecimiento real de todos nosotros y un aumento de la desigualdad inédito en nuestras sociedades, la que ha roto el pacto en el que se fundaba no sólo nuestro estado del bienestar sino la propia democracia. Un pacto según el cual los más ricos cedían una parte de su riqueza a los menos ricos a cambio de evitar la revolución y mantener el orden social establecido. La sorpresa ha sido que la revolución de baja intensidad (¿?) en la que estamos inmersos la han declarado los ricos, que en un determinado momento no han tenido bastante y han roto el acuerdo, como muy certeramente ha sabido ver Antonio Baños. Como resultado, no sólo están tensando las cuerdas del sistema hasta el límite, están dando al traste con la democracia que dicen abanderar (ya nos temíamos que sólo nominalmente). Porque cuando las decisiones que afectan a nuestra vida cotidiana las toman políticos y financieros a los que no hemos elegido, se prescinde de la democracia, y eso es lo que está pasando actualmente en Europa con el diktat alemán.

Lo peor de todo es que el motivo por el que nos están hundiendo en la miseria ni siquiera ha sido la inepcia, sino la pura avaricia. Pero la cosa va más lejos. La avaricia, al fin y al cabo, en un sistema que tiene como mandato la maximización del beneficio, puede entenderse como derivada de ese propio mandato, acorde con las reglas del juego. Pero lo cierto es que acicateados por esa avaricia se han saltado las reglas del juego que nos pretenden imponer a todos los demás. Esos que ahora pretenden abanderar valores como “el esfuerzo, la constancia o la importancia del ahorro”, han sido unos tramposos. Mi amiga Berta me recordaba la otra noche que el lema de otro banco hace apenas unos años era: “lo veo, lo quiero, lo tengo”. Motivados por la ganancia rápida y ajenos a cualquier conciencia de responsabilidad social, han concedido créditos con un elevado riesgo de no poderse cobrar a sabiendas, créditos que han convertido en productos financieros opacos que vendían sucesivamente generando valor financiero donde el valor real (si acaso aún sabemos lo que eso significa) era inexistente o muy inferior; en fin, ya conocen ustedes la dinámica. Para ello, no sólo han actuado con una flagrante falta de ética, sino de modo fraudulento. En nuestras sofisticadas sociedades, se supone que tenemos leyes para hacer valer unas normas éticas sobre las que hay un acuerdo general. Pero, como saben ustedes, los responsables no sólo no están en la cárcel, sino que en el mejor de los casos se han ido a su casa con un astronómico premio de consolación. Acto seguido, por la vía de las subvenciones directas, de las subidas de impuestos, de los recortes en servicios públicos, todos nosotros estamos pagando el desfalco. Porque en suma, esto no está siendo sino una gran operación de redistribución de la riqueza a favor de los más ricos. Por cierto que les recuerdo que las reglas de este juego en el que estamos dicen que el que pierde debe abandonar la partida, es más, que el propio mercado-árbitro, expulsa al incompetente. Pero como saben, estos grandes defraudadores en términos legales e incompetentes en términos de mercado no sólo no han sido expulsados del juego sino que han sido premiados. El sistema está en plena decadencia. Las nuevas reglas del juego del capitalismo decadente y fraudulento son: privatización de las ganancias, socialización de las pérdidas.

A pesar de que el robo es sangrante y de todos sabido, la inercia de tantos años respetando a los banqueros y a los políticos en tanto que élites poderosas y, por ello, respetables, es demasiado fuerte, amén de la constante labor que pretende convencernos de que no hay responsables sino que esto no es más que una característica del sistema, que es cíclico, y que ahora vienen mal dadas o, como mucho, que los responsables “somos todos”, según esa idea de que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” (digamos que unos más que otros, y que los unos han cometido ilegalidades y los otros no). En fin, a pesar de ello, no ha estallado la revuelta social salvo puntualmente, pero los bancos, conservadores hasta que han dejado de serlo para ganar dinero a espuertas, como hemos visto, han sacado lo más genuino de sus entretelas, o sea, el conservadurismo, y se han lanzado a toda una serie de campañas de marketing para hacer prevalecer la imagen hasta hace poco instaurada en el imaginario colectivo o, tal vez, en su propio imaginario: la de que eran personas decentes y de orden, adalides del esfuerzo y la constancia. Y ahora emprenden campañas en las que apelan al “seny” y pretenden que perpetuemos el statu quo contándoles a nuestros hijos cuentos edulcorados que no describen la realidad.

Pues no señores. Yo no les voy a hacer ese juego. Aunque sea una pequeña parte del juego, la mínima en la que puedo no participar. Ustedes desearían recibir cientos de dibujos de niños en los que ellos, con su inocencia y sentido elemental del funcionamiento de las cosas y de la justicia, dibujaran a cientos de tenderos y personas sonrientes intercambiando tomates, coches, globos o filetes en coloridos mercados. Así deberían ser las cosas, en efecto. Pero así no son ni han sido. Creo que mi hijo o bien se echaría a llorar o bien estallaría en cólera si le explicara que hay personas a las que echan de su casa porque un día alguien les prestó mucho dinero para comprar una casa que les dijeron que valía mucho y ahora resulta que aunque esos mismos les dicen que la casa vale mucho menos a ellos les siguen debiendo el mismo dinero y en cualquier caso tampoco tienen nada para pagar porque no tienen trabajo, y no tienen trabajo porque cada vez hay menos dinero para pagar su trabajo porque, de algún modo, ese dinero se lo llevaron o se lo están llevando los prestamistas. No. No podemos hacerles dibujar a nuestros hijos la realidad de los bancos porque es demasiado cruel, demasiado injusta o de perfiles demasiado difusos. Y me niego a participar nada menos que con nuestros hijos en su lavado de cara. Porque a los niños hay que decirles la verdad. Y la verdad es que los valores como el esfuerzo y la constancia, y muchos otros de gran importancia, han sido completamente ajenos en los últimos tiempos a quienes gobiernan los bancos, los gobiernos y otras grandes empresas.

Pese a ellos, le deseo a mi hijo y a todos nosotros lo mejor para el 2013. ¡Salud!

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

Acerca del cuerpo. Algunos apuntes sobre L’Apollonide

Arranca L’Apollonide como podría arrancar una película sobre un ejército. Las putas que trabajan en el prostíbulo l’Apollonide bajan desde las habitaciones superiores hacia el gran salón donde se recibe a los clientes. La escalera por la que bajan es una escalera noble, con baranda de madera. El edificio en el que trabajan es una gran casa burguesa. Estamos en París, en el tránsito del siglo XIX al XX.

Descienden las putas por la escalinata y se oye el taconeo como se oirían los cascos de los caballos de un ejército que entra en acción o en escena, que aquí es lo mismo, y ese es el arranque de la película. Y es espléndido. Lo es en su aspecto formal y por lo que ello significa. Porque la película nos sitúa materialmente en lo que va a ser su contenido y en la forma en que va a abordarlo. Las protagonistas son las prostitutas vistas como trabajadoras, y si los trabajadores en la revolución burguesa son vistos como un ejército o una masa, así son presentadas aquí ellas también. Están individuadas, pero no por ello pierden su condición de unidades de un mismo ejército y mercancía. Porque ciertamente encarnan esta doble condición: ellas son a un tiempo trabajadoras y mercancía. Y, como tal, no son sino distintas variantes de un mismo producto en un mercado que, por aquél entonces, aún no había entrado en el juego de la diferenciación del producto. Eran pues las putas un producto muy sofisticado, estaban a la vanguardia del mercado.

Inmediatamente después, ¿o antes?, quizá antes, antes de los títulos de crédito (mi memoria tiene sus particularidades), el otro registro que la película va a sostener (o viceversa). Si aquél era el más realista o documental, este otro es el de la ilusión, la máscara, la metáfora; el plano simbólico, que en su puesta en escena tiene mucho de operístico. La conexión entre ambos planos: la herida que uno de los clientes deja en el rostro de Magdalena. La cicatriz que le dibuja una imborrable sonrisa. La ilusión de los hombres: la perpetua satisfacción femenina. ¿Y no son acaso las putas el perfecto ejemplo del cuerpo en su doble dimensión, la más puramente material y la más simbólica?

Este carácter de ensayo en torno al cuerpo de la mujer en su condición de mercancía (de lujo, aquí) y de pantalla en la que se proyecta la fantasía masculina, pero también en toda su fisicidad, necesidad y belleza, es sin duda lo más interesante del filme de Bertrand Bonello. Lo hace con un trabajo formal impecable. L’Apollonide es memorable porque es de una belleza exquisita, casi dolorosa. Lo más sorprendente, sin embargo, es el hecho de que, tratándose de una película dirigida por un hombre, no caiga en la típica mistificación masculina de las putas, a la que nunca ha escapado casi ningún autor, no importa de qué género de expresión se trate. Esa que se recrea en su oscura belleza (o fealdad, no importa en este caso) y su placer, oscuro también. Un punto de vista, en definitiva, que no es sino el de sus clientes, puesto que lo son. El de los consumidores que se construyen un relato en torno al objeto que compran, pues ese relato es inextricable de su consumo, forma parte de él. Son incapaces de objetivar ese relato. Carecen de cualquier necesidad o interés en hacerlo. Es más, se sentirían perjudicados por ello. Destruirían su objeto de consumo. Por el contrario, Bonello pone esa mistificación al descubierto. Nos muestra la construcción, la operativa de la puta como epítome de la mujer objeto-de-posesión-y-consumo, de la mujer como objeto de la fantasía y la proyección masculina.

Para ello, Bonello se sitúa en L’Apollonide como observador externo al tiempo que capta el punto de vista de ellas. En cuanto que observador externo y sensible, por supuesto que Bonello recrea la belleza de esas mujeres, como la del espacio donde viven y trabajan. Ambos son inequívocamente bellos y lujosos, es parte central de su condición, y la sublimación, aspecto central de cualquier experiencia material en torno al lujo con una importante dimensión simbólica. Pero Bonello muestra también otras facetas no sublimables: la rigurosa higiene, los controles ginecológicos -ambos realizados, como el propio trabajo, en total carencia de intimidad. Son, en efecto, mujeres públicas. Una falta de intimidad que se extiende a su vida personal: la casa de citas es un gineceo. Otras facetas cotidianas también dan a ver tanto la materialidad de los cuerpos como su dimensión personal: los almuerzos, las salidas al campo, siempre en común. Agradecemos la belleza de la escena campestre, que se retrate la belleza de las mujeres en un breve momento de libertad.

L’Apollonide contiene también una reflexión en torno a la libertad. Estas mujeres viven, al menos en su dimensión material, probablemente mejor, más cómodamente, que muchas de sus contemporáneas, pero lo hacen en un régimen de casi esclavitud respecto a la dueña del burdel. Las alternativas que se (les) plantean no entrañan en general un gran cambio. O, mejor dicho, están en consonancia con su condición de casi esclavas: esperan a un esposo rico que las manumite, aunque, ciertamente, para pasar a su servicio. Se produce al final del filme un gran salto temporal que nos sitúa en el presente. La protagonista principal, la prostituta con mayor grado de conciencia acerca de su condición y por ello, quizá, la que más sufre o necesita olvidar (no sólo al amante/cliente que la rechaza) en el humo del opio, aparece haciendo la calle. Ella está sola ahora. Parece más autónoma, aunque podría perfectamente no serlo. Es muy probable que haya un proxeneta fuera de campo. La única certeza es que ya no es un objeto de lujo. Ella y su entorno se han modernizado y vulgarizado. Ahora es un objeto de consumo de masas.

Nos queda, o al menos a mí me queda la duda, ingenua tal vez pero necesaria, de si dispone de algún espacio para construirse como sujeto.

Publicado en Extemporáneas | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

EL SEÑOR SERIO. Un cuento de Rodrigo y Eva

Juego de improvisación con objetos encontrados en el parque de la Ciudadela, una tarde de lunes, octubre.

Un señor camina por la calle. Es un señor muy serio y circunspecto.

Camina calle arriba, camina calle abajo, siempre muy serio. No sea que alguien se confunda. Él es muy importante.

De pronto, divisa un arbolito.

Se tumba bajo sus ramas. Ve un retazo de cielo, las nubes, se está tan bien aquí tumbado: sonríe… ¡Sonríe!

Y se duerme.

Zzzz…

Despierta, aún con la sonrisa en los labios… Está desconcertado, incómodo, ¡incluso preocupado! Se acaricia la barbilla… y la seriedad regresa a su rostro.

De nuevo, el señor serio camina calle arriba, camina calle abajo, siempre muy serio. No sea que alguien se confunda. Él es muy importante.

Una piedra en medio del camino.

El señor serio no la ve. Tropieza. ¡Ay!, grita. Llora. Se ha golpeado la cabeza.

Risa, llanto… ¿Qué está pasando? El señor serio entra en pánico y lanza arbolito y piedra escenario abajo.

El mundo aparece ahora despejado, ordenado… ¿Quizá vacío? El señor serio no quiere ni oír la pregunta. Mejor andemos, se dice.

Y, de nuevo, el señor serio camina calle arriba, camina calle abajo, siempre muy serio. No sea que alguien se confunda. Él es muy importante…

¿Importante? ¿Para quién? Está solo… Y terriblemente aburrido.

¡Una cuerda! ¡Necesito una cuerda!, grita el señor serio, menos circunspecto que de costumbre. Una cuerda, una caña de pescar, tal vez un camino.

Et voilà!

El señor serio recupera el arbolito: ¡alehop!

La piedra: ¡arriba!

Ahora podrá volver a sestear bajo el arbolito. ¡Incluso trepar! Sin duda volverá a tropezarse con la piedra… aunque… si está atento también puede servirle para otear el horizonte… Y tal vez hallar un camino, por el que avanzar… algo menos serio y circunspecto… pues no importa si alguien se confunde, ¡qué más da! Él, sin duda, es importante para ti y para mí.

Fin.

Publicado en Chorlitos' press | Etiquetado , , , , | Deja un comentario